Vivir en un barco

Siempre que hablamos de vivienda, la reacción inmediata es pensar en ladrillos, ascensor, cocina amueblada, baños alicatados con hidromasaje, 3 dormitorios, cuarto trastero, salón panorámico, piscina comunitaria, plaza de garaje en sótano, y yo no se cuantas cosas más. Que nadie piense que esta es la única alternativa, ya que existen otras opciones sin necesidad de convertirse en un sin techo de los que suelen aparecer con frecuencia en los docudramas televisivos. En efecto, aún hay personas que, impregnadas de una fuerte dosis de independencia y romanticismo, deciden vivir en una embarcación amarrada a puerto.

No hay necesidad de querer imitar a Sonny Crockett (encarnado por el actor Don Johnson) en “Corrupción en Miami” para desear vivir habitualmente en un barco, asumiendo todas las ventajas e inconvenientes que supone elegir una vivienda con tal grado de singularidad.

Tal vez lo primero que hay que recalcar es que un barco que entre dentro del poder adquisitivo de una persona con ingresos medios, es un barco pequeño, lo que implica que vamos a tener que desenvolvernos en un espacio reducido si nos inclinamos por esta decisión. En consecuencia, lo más frecuente es que sólo puedan elegir un barco como vivienda personas solas o, como mucho, parejas. Nada de familias con hijos, suegra, perro, etc. Ello va a conllevar que no vamos a poder almacenar muchas cosas en casa, ni apilar trastos inútiles en un abigarrado trastero. Tendremos que elegir muy bien qué enseres son necesarios y cuales no lo son, a la vez que nos acostumbramos a ser un poco cuidadosos en lo que respecta al orden doméstico. No significa vivir mal, sino sólo alterar un poco nuestros hábitos.

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Reflejo de la sociedad

Si la arquitectura contemporánea debe ser el reflejo de la sociedad en que vivimos, éste proyecto debería ser, sin duda, paradigma de la arquitectura actual. Si partimos de que nos encontramos dentro de una sociedad iconoclasta y caótica, donde continuamente se están rompiendo las reglas y las pautas que nos han venido guiando a lo largo de las generaciones, el proyecto de NL Architects para el Centro de Artes Escénicas de Taipei (Taipei Performing Arts Centre) cuenta con todos los ingredientes para recrear dicha situación. El edificio nace como un cubo -la forma pura por excelencia- pero a partir de ahí empieza a romperse, a quebrarse y a agujerearse. Los huecos son caóticos, de dimensiones desiguales y están distribuidos de un modo que su secuencia no sigue ninguna lógica aparente. El interior sigue el mismo criterio a la hora de vaciar el interior del cubo, dejando un espacio espectacular, con plataformas y aberturas a distintos niveles conectados diagonalmente con escaleras voladas impresionantes.

Este Centro de Artes Escénicas contendrá tres teatros dispuestos a diferentes alturas: uno con 1500 asientos y dos destinados a 800 espectadores. El espacio interior del edificio se relaciona directamente con el espacio público urbano, abriéndose al mismo como una inmensa plaza cubierta e interaccionando al mismo tiempo permitiendo el acceso a los distintos vestíbulos de los teatros. En el interior del Centro puede encontrarse un pedazo de ciudad en altura, con instalaciones culturales como una biblioteca multimedia, tiendas de música, galerías de arte, bares, restaurantes y pubs.

Vía: arquidiario

Llegan a España las casas de «bajo coste» inspiradas en las que ya hace Ikea

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Una empresa malagueña proyecta la creación de viviendas sostenibles a bajo coste, con certificación energética A y construidas sobre una estructura de acero ligero, inspiradas en las que ya hace Ikea en Suecia o Inglaterra y que permiten un ahorro de mil euros anuales en la factura de la luz.

Con un precio de 1.150 euros el metro cuadrado, Econocasa hace distintos modelos que oscilan entre los sesenta metros construidos con una habitación y un baño por 69.000 euros y las de 119 metros cuadrados con tres habitaciones y dos baños por 136.850 euros.

Según ha explicado el director de la firma, Roberto Amores, a estas cantidades habría que sumar 4.500 euros por el proyecto y la dirección de obra y 6.000 más si se construyera fuera de la provincia de Málaga para cubrir los gastos de mantenimiento de los trabajadores.

La única condición para hacerse con una de estas viviendas es poseer un terreno urbanizable, ya que como ha relatado Amores «Econocasa no es una promotora, por lo que carece de espacios para edificar».

El periodo de edificación que asegura la empresa a sus clientes es de seis meses, bajo una pena de cien euros diarios por cada jornada que se retrase la entrega durante el primer mes y 3.000 euros más por cada mes adicional.

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